Cada día al salir de casa, en ese momento en el que el frío de las 7.00 de la mañana le golpea en la cara y la despierta un poquito más. Escalofríos.
Puede que el motivo esté más claro esta vez. Llega el frío. Sus manos heladas hablan del invierno que está llegando. Porque siempre llega. Y esta vez más gélido que nunca. Se da cuenta de que cada noche de verano, cada beso del que aún quedan restos, cada caricia en su espalda, cada mirada encariñada, cada 'te quiero' iba a quedar congelado por esa fría brisa que empezaba a soplar a mediados de octubre.
A su cabecilla, aún inquieta y nerviosa le da por pensar. Sabe que esta vez no hay vuelta atrás. Con la llegada del invierno, el frío. Y con él, todos sus sentimientos iban a quedar congelados. Intactos en lo más hondo de su corazoncito que latía sin ganas.
Congelados esperando a la primavera.
Una primavera que nunca llegará en realidad. Y ella lo sabe mejor que nadie.
Vive rápido.
Sólo desea que pase velozmente el invierno. Nunca se le dio bien esperar. Impaciente por naturaleza, camina deprisa.
Una calle. Dos.
Quizás, sigue pensando, el motivo por el que cada día empuja su cuerpo fuera de la cama sea ese. El mismo que días atrás hizo que la fuerza del destino los juntara. Simples caprichos de la providencia que conllevaban a ese corazón aburrido de vivir a acelerarse a ritmos incalculables.
Era bonito el amor, incluso cuando duele. Sí, porque le recuerda lo que un día hubo. Y donde hubo fuego siempre quedarán cenizas.
Era bonito y caprichoso, por cierto. Quizás por la noche anterior. Madrugada del dieciocho de octubre. Demasiados recuerdos le venían a la mente de días como hoy, varios meses atrás. O quizás también, por la noche que llegaba. Terrible. Sus manos temblaban al recordar esa noche. Mejor dejarla caer en el olvido.
Mejor vivir. Mejor así.
Quizás lo que la hace vivir sea esa pequeña señal de su amor por él que, desde hoy marcada en su piel, le recordaría, más aún si es que cabe, que hay cosas en la vida que duran hasta la eternidad.
Lo único que tenía claro en esta vida es que le quería. Por encima de todo y de todos. Cayera quien cayera. Dijeran lo que dijeran. Irrevocable e incondicionalmente.
Y sobretodo, que mientras hay vida, hay esperanza.
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