jueves, 18 de octubre de 2012

18/10/2012. Irrevocable e incondicionalmente.

Cada día al salir de casa, en ese momento en el que el frío de las 7.00 de la mañana le golpea en la cara y la despierta un poquito más. Escalofríos.
Puede que el motivo esté más claro esta vez. Llega el frío. Sus manos heladas hablan del invierno que está llegando. Porque siempre llega. Y esta vez más gélido que nunca. Se da cuenta de que cada noche de verano, cada beso del que aún quedan restos, cada caricia en su espalda, cada mirada encariñada, cada 'te quiero' iba a quedar congelado por esa fría brisa que empezaba a soplar a mediados de octubre. 
A su cabecilla, aún inquieta y nerviosa le da por pensar. Sabe que esta vez no hay vuelta atrás. Con la llegada del invierno, el frío. Y con él, todos sus sentimientos iban a quedar congelados. Intactos en lo más hondo de su corazoncito que latía sin ganas. 
Congelados esperando a la primavera. 
Una primavera que nunca llegará en realidad. Y ella lo sabe mejor que nadie.
Vive rápido. 
Sólo desea que pase velozmente el invierno. Nunca se le dio bien esperar. Impaciente por naturaleza, camina deprisa.
Una calle. Dos. 
Quizás, sigue pensando, el motivo por el que cada día empuja su cuerpo fuera de la cama sea ese. El mismo que días atrás hizo que la fuerza del destino los juntara. Simples caprichos de la providencia que conllevaban a ese corazón aburrido de vivir a acelerarse a ritmos incalculables.
Era bonito el amor, incluso cuando duele. Sí, porque le recuerda lo que un día hubo. Y donde hubo fuego siempre quedarán cenizas.
Era bonito y caprichoso, por cierto. Quizás por la noche anterior. Madrugada del dieciocho de octubre. Demasiados recuerdos le venían a la mente de días como hoy, varios meses atrás. O quizás también, por la noche que llegaba. Terrible. Sus manos temblaban al recordar esa noche. Mejor dejarla caer en el olvido.
Mejor vivir. Mejor así.
Quizás lo que la hace vivir sea esa pequeña señal de su amor por él que, desde hoy marcada en su piel, le recordaría, más aún si es que cabe, que hay cosas en la vida que duran hasta la eternidad. 
Lo único que tenía claro en esta vida es que le quería. Por encima de todo y de todos. Cayera quien cayera. Dijeran lo que dijeran. Irrevocable e incondicionalmente.
Y sobretodo, que mientras hay vida, hay esperanza.

sábado, 6 de octubre de 2012

''O lo mejor, o nada.''

Es de noche. Se abruman pensamientos en su cabeza. Tarde para ciertas cosas, tal vez temprano para otra.

''Los sueños, sueños son'' decían. Y yo solía creérmelo.
Hasta el día que una mano en mi barriga me hizo parar, aflojar y pensar. Una mano que paró mi vida esa noche. Se apagan luces se encienden corazones. Parar mi vida un segundo implica cambiarla para los restos.
La mejor noche de mi vida puede que piensen algunos. Y en efecto, de las mejores se podría considerar.
Sí, el sueño de una niña. Su amor platónico hecho realidad. Mi sueño. Ese de los doce cumplido a los dieciséis.
Sueños cumplidos que se pueden ver convertidos en sueños rotos en otra noche. Otra larga historia.

Y estas noches, volver al presente... La llegada del otoño. Nuestro candado perdido en París. Quizás su pelo rubio.
O sus ojos que ya no me ven.
Quizás sea que casi 50 días sean muchos ya...
Posiblemente es que cada paso que doy es como si lo diera conmigo. Sus palabras, sus opiniones. Sus gustos y dudas, es su alma lo que sale de mis labios cada vez que hablo.
Como si fuera él. Como si fuera una parte suya. Un parte de él que sigue aquí conmigo. Ha calado hondo en un cuerpo que ya no vive si no es por los recuerdos que le quedan.

Puede que sea tarde pero un pecho encogido aún habla de él. De quererle hasta que dos y dos sean cinco.
Confieso que soy culpable. Tanto de haberle perdido como de quererle como a nadie.
Yo culpable de amarle con cada parte de mi cuerpo. Él de haberme enseñado lo que es amar de verdad. El respeto en cada beso, la ternura de cada mirada y lo bonito de cada abrazo. Lo que significa el amor en realidad. 

Puede que sea por eso. Puede que sea ese el motivo de que mis ojos no vean más allá de donde está.
¿Qué más buscar tras la perfección?
Porque una vez me dijo que detrás del uno, el dos. Y detrás del dos, el tres. Que si ha de ser, será. 
Y yo siempre quise ''o lo mejor, o nada''. Y ambos sabemos qué es lo mejor.