domingo, 17 de junio de 2012

Decían que la primavera la sangra altera

Y nunca erraron. Cuando parece que las cosas siguen su ritmo habitual, ocurre. Un cambio

Pero de esos que te hacen olvidar buenos recuerdos. Que cambias cuatro ratos de locuras a escondidas por una noche y sus consecuencias.

Una noche de sueños. Sueños de los doce que se cumplen a los dieciséis. Sueños de grandeza, deseo, anhelo, resignación, ignorancia, olvido, indiferencia y pasión reencontrada. De amor, tras cada beso.

Si vale la pena cambiar cuatro besos tontos en el cuello por esto, es algo que ya vendrá.

Porque no es solo una noche. No esta vez. No van a ser tonterías nunca más. Se puede llamar acierto, error o, simplemente, intento.


Pero hasta hoy, el estar continuamente
al pie del cañón; llueva, nieve o se nos viniera el mundo encima, demuestra muchas cosas. He visto las ganas en tu mirada, pero el sentir la chulería de tus palabras me mataba.


Un salto atrás casi cien días después.

Te has marcado un tanto, pero el partido no había acabado. Y la venganza es un plato que, aunque frío, no me apetecía nada servirte. Mi defecto, poca paciencia. El tuyo, demasiada.

Me arrepentí de todos y cada uno de los besos de no di. Y de todos aquellos que di de más. 

Luego entendí que cada sonrisa entre calada y calada hablaba de futuro. Que valía la pena. Que ayer quería comerme el mundo y hoy solo quiero crecer. Que si mi primer recuerdo del amor era contigo, el último también.

Nacimos para ser felices, no perfectos. Que cuando no te busco, apareces. Que si era un error, erraría mil veces por volver a rendir cuentas contigo.