lunes, 13 de agosto de 2012

Imposibles que resisten.

Vaivenes que duran meses. Besos que nunca llegaron a darse. Alguna que otra noche de deseo.
Salió esa noche dispuesta a comerse el mundo, no a él. Aunque aguardando una mirada más, una señal.
Ella y su penetrante mirada. 
Él y su timidez. Perdida después del tercer cubata. Después de verla pasar dos veces por su lado. Después de rozar sus mejillas como quien está condenado al infierno.

Dos cigarros y varias sonrisas después. Le falta valentía. El empujón.
La noche empieza. Ella disfruta. ausente. Pero siempre pendiente.
Va a perder.
Que aquí se juega a vivir rápido. Sin pensar. Si ahora te sube al cielo, el aterrizaje será lento.
Las cosas no cambian en una noche. 
Tres besos en el coche no son prohibido, son deseo acumulado.

Si lo hace, lo hace bien. Nadie habló de amor, simple casualidad.
Si la va a querer, hasta el final. O dos tiros más nos quedan. Uno la roza a ella, el otro daría de pleno en él.

Ambos saben que realmente no. No habrá besos escondidos en noches de verano. Ni en sueños.
Que le puede regalar los besos a cualquier rubia tonta. Que no le va a importar más. 

A ella le sobra todo. Tiene lo que quiere, aunque no siempre lo ve.


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